domingo, 22 de enero de 2012

al final de la barra...

en internet a veces, se encuentran perlitas como estas, es exactamente, lo q me paso a mi hace un tiempo, pero yo no me atrevi a ir, ya sabeis soy demasiado timida...  ojos de gata


AL FINAL DE LA BARRA


Mónica estaba harta, no entendía la razón de esos celos estúpidos. Las escenitas eran cada vez más frecuentes, Jaume no le daba tregua. Compañeros de trabajo, amigos, esto ya era el colmo, un nuevo paripé esta vez en su oficina.

Lo cierto es que la relación había degenerado bastante, el amor había pasado a ser cariño, las miradas de complicidad eran practicamente inexistentes, la rutina, la monotonía, la falta de libertad quizás por comodidad... pero la cosa no iba nada bien, y no tenía ninguna pinta de que aquello fuese a mejorar.
Mónica y Jaume habían superado muchas crisis, llevaban juntos más de siete años, y ésta era la primera vez que ella tenía claro que lo suyo con Jaume había terminado.

Al salir del trabajo Mónica tenía por costumbre echar un trago en el bar de su amiga Zaira, a pesar de que iba impecable, con su camisa blanca, el jersey colocado estratégicamente en los hombros y un trench negro que le daba un aspecto elegante,sus ojos eran tristes, estaban vidriosos y ya no brillaba con luz propia.

-No me digas nada, ¡otra vez te la ha vuelto a montar!¡ no puedes seguir asi nena!- Zaira frunció el ceño, y el cabreo se iba haciendo visible en su rostro y en su gestos exagerados.
-Se acabó Zaira- una lágrima resvaló por su mejilla- está vez no voy a luchar por algo que no nos lleva a ninguna parte.
- Tú te vienes conmigo a casa y ni se te ocurra cogerle el teléfono al capullo ese, ¡ya está bien!- Zaira nunca había hecho buenas migas con Jaume, ella era amiga de Mónica y se limitaba a respetarle.

Después de una larga conversación y alguna que otra copa de vino, Mónica se levantó para ir al baño, y sintió que alguien la observaba en la penumbra desde el fondo de la barra, a pesar de no tener su mejor día Mónica era una mujer muy atractiva, la camisa le resaltaba el escote y el pantalón le quedaba perfecto, además los tacones estilizaban su figura todavía más.

Según se iba acercando para ir al final de la barra para ir al servicio, descubrió unos ojos azules que la miraban fijamente, era una mujer morena de pelo ondulado, y rasgos indios, iba vestida elegante pero sencilla. Mónica echó una breve mirada hacia donde estaba la desconocida, pero enseguida apartó la vista.

Al salir del servicio, se encontró de frente con esos ojos azules, la desconocida estaba en la puerta,
- ¿Me permites? - dijo una voz dulce y aterciopelada
- Por supuesto - contestó Mónica algo nerviosa
Las manos de ambas mujeres se rozaron levemente un instante, un escalofrio recorrió el cuerpo de Mónica, jamás había sentido nada igual.

AL final de la barra II

Zaira y Mónica pasaron la noche entre lágrimas, risas y vino blanco.
Mónica trabajaba en la empresa familiar, que se dedicaba a la exportación de vinos.
La próxima semana tenía un congreso muy importante en Francia en el cual, ella debía estar representando el negocio familiar. Aunque en esos momentos su cabeza no estaba en el mundo vitivinícola precisamente. Mónica no dejaba de pensar en su inminente ruptura con Jaume, pero a su vez, había otro rostro que la acechaba, esos ojos azules que iban acompañados de tantos interrogantes.
¿Quién era esa mujer? y lo más importante ¿Por qué había suscitado en ella tanto interés?.

Mónica se levantó hacia el mediodía algo desorientada confusa y con bastante dolor de cabeza, llegó hasta la cocina del piso de Zaira, en la nevera encontró una nota que decía "Tienes ensalada y algo de pescado fresco para comer, estoy en "Le Femme" pásate a tomar cafe y seguimos con la tertulia. Besos Zaira".

Zaira era la propietaria de un pub llamado "Le femme" desde hacía un par de años, un elegante bar de ambiente destinado principalmente al público femenino, pero en el que tenía cabida todo tipo de público gay.

A eso de las 4 de la tarde Mónica apareció por "Le Femme", Zaira mantenía una conversación de lo más divertida con un chico, el cual vestía de manera llamativa y tenía una voz bastante aguda y afeminada.
- Vaya vaya, ¿qué tal se ha levantado la princesa?. Perdona que no os haya presentado, este es Samuel, un amigo de la infancia.
- Encantada, me llamo Mónica.
- Que bellezón nena, no se te ocurra venir por aqui por la noche, por que no hay más lobas y se lanzan a la yugular!!
- La más loba de todo el bar eres tú reinona- dijo Zaira soltando una caracajada- oye Mónica ¿tú no tenías que ir de compras para tu viaje de la semana próxima?.
- La verdad es que ...
- Shopping, shopping, shopping!!! - grito Samu sin dejar terminar la frase a Mónica.
- Te vendrá genial, y te lo pasarás en grande!! - le susurró Zaira al oido.
- Esta bien, esta bien...

Habían recorrido todas las tiendas del centro, llegaron al bar con las cuatro manos llenas de bolsas a eso de las 9 de la noche.
- ¿Qué tal chicos?- pregunto Zaira.
- Destrozada- dijo Mónica echándose la mano a los zapatos de tacón- voy al baño.
- Para presumir hay que sufrir nena - apuntó Samuel.
No había mucha gente en el bar, apenás cuatro mesas con parejas de mujeres que mantenían conversaciones relajadas y un grupito de amigas de Zaira en un rincón.



Mónica echó un vistazo al bar y clavó su mirada al final de la barra, dónde la última vez estaba aquella misteriosa mujer. Fue hacía el baño y al agarrar el pomo vio que estaba ocupado. Espero y en unos pocos segundos ahí estaban esos ojos azules, era realmente preciosa. Ambas mujeres se quedaron mirando, sin mediar palabra, el deseo era casi tangible. La desconocida, atrajo a Mónica hacia ella, le sujetó del cabello por la nuca y le introdujo su lengua en la boca, sus labios eran carnosos y suaves. Mónica le correspondió con un beso pasional casi irreconocible en ella. En un ágil movimiento Mónica quedaba de espaldas a la mujer que la rodeaba por la citura mientras que su boca se perdía en su nuca y la mano que quedaba libre se deslizaba por la cara interna de sus muslos.
Mónica estaba a punto de correrse, cuando la desconocida le susurró
-¿Cómo te llamas? - dijo mientras se aferraba cn fuerza a su sexo.
- Mónica, Mónica Bosch- dijo con la voz entrecortada.
Nada pudo hacer por controlarse cuando la mujer de los ojos azules entró en ella y Mónica llegó al éxtasis.
La desconocida sacó una tarjeta de un bolsillo de su pantalón vaquero, y la metió en el bolsillo delantero del vestido de Mónica. La beso suavemente en los labios, antes de marcharse le volvió a besar el cuello y en un susurró le dijo
-Llámame.

Mónica sacó la tarjeta, en ella ponía "Nalah Mahan lincenciada en Bellas Artes" junto a su número de teléfono...


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